1895, Cuba, con el "Grito de Baire", José Martí se pone a la cabeza de la revolución popular, siendo aclamado con entusiasto por los patriotas cubanos.
Es Martí quien funda el Partido Revolucionario Cubano y quien, junto con el general Máximo Gómez, héroe de la "Gran Guerra" de 1868, firma, el 25 de marzo, el "Manifiesto de Monte Christi", esto es, la llamada a las armas y a la sublevación de todo el pueblo cubano.
Desde este momento, la guerra de liberación adquiere un profundo cariz popular y nacional, absorbiendo a gente de las ciudades y el medio rural.
Y gracias también al apoyo financiero de los emigrados a Estados Unidos, la revolución consigue extenderse.
A pesar de todo, España no logra tomar conciencia de las dimensiones de esta guerra del pueblo.
En Madrid, el gobierno y la oposición, que se enfrantan por cuestiones miopes y mezquinas, consiguen sin embargo unirse y entenderse para lo que consideran como un grave crimen: la independencia de Cuba.
Los pocos diputados de ideas más abiertas que se declaran a favor de conceder la autonomía a la isla son tachados de traidores.
El argumento llevado por la mayoría del parlamento español para oponerse a la voluntad de independencia de los cubanos sigue siendo el deseo de ejercer el monopolio y exportación del azúcar de Cuba, actividad a la que los ricos propietarios españoles no piensan renunciar.
Así, mientras la prensa apoya la tesis de las autoridades españolas y de sus ya anticuados sueños imperialistas, el cuerpo expedicionario español, reclutado prácticamente por la fuerza, es obligado a embarcarse para ir al teatro de las operaciones.
Mientras tanto, el gobierno de Washington reafirma su actitud de defensa del derecho a la libertad del pueblo cubano y subraya su preocupación por la vidas y la actividad económica de los estadounidenses en la isla.
Un año después, en las proximidades de Palma Soriano, el doctor Sergio Masetti se dirige a su hacienda cuando se topa con los vestigios de una reciente escaramuza entre insurgentes y fuerzas españolas.
Mientras examina el terreno en busca de posibles supervivientes, es atacado repentinamente por un guerrillero cubano enloquecido por el dolor y la fiebre.
Masetti , en defensa propia, logra reducirlo y descubre que el hombre está gravemente herido, habiendo perdido una gran cantidad de sangre.
Fiel a su juramento hipocrático, el doctor Masetti transporta al insurgente hasta su residencia, donde le administra los cuidados médicos necesarios para salvarle la vida y, en el proceso, escucha la conmovedora historia que lo llevó a empuñar las armas...
Escrito y dibujado por Fernando Fernández y publicado por Nueva Frontera, el álbum "Cuba, 1898" tiene 52 páginas a color.