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domingo, 23 de octubre de 2022

"EL INFINITO EN UN JUNCO", DE IRENE VALLEJO



Escrito por Irene Vallejo y publicado por Siruela, el libro "El infinito en un junco: La invención de los libros en el mundo antiguo" tiene 564 páginas. Ésta es su sinopsis:

Este es un libro sobre la historia de los libros. Un recorrido por la vida de ese fascinante artefacto que inventamos para que las palabras pudieran viajar en el espacio y en el tiempo. La historia de su fabricación, de todos los tipos que hemos ensayado a lo largo de casi treinta siglos: libros de humo, de piedra, de arcilla, de juncos, de seda, de piel, de árboles y, los últimos llegados, de plástico y luz.

Es, además, un libro de viajes. Una ruta con escalas en los campos de batalla de Alejandro y en la Villa de los Papiros bajo la erupción del Vesubio, en los palacios de Cleopatra y en el escenario del crimen de Hipatia, en las primeras librerías conocidas y en los talleres de copia manuscrita, en las hogueras donde ardieron códices prohibidos, en el gulag, en la biblioteca de Sarajevo y en el laberinto subterráneo de Oxford en el año 2000. Un hilo que une a los clásicos con el vertiginoso mundo contemporáneo, conectándolos con debates actuales: Aristófanes y los procesos judiciales contra humoristas, Safo y la voz literaria de las mujeres, Tito Livio y el fenómeno fan, Séneca y la posverdad…

lunes, 28 de febrero de 2022

"PEREGRINOS DE LA BELLEZA. VIAJEROS POR ITALIA Y GRECIA", DE MARIA BELMONTE



Escrito por María Belmonte y publicado por Acantilado, el libro "Peregrinos de la belleza. Viajeros por Italia y Grecia" tiene 320 páginas y puede ser adquirido por un precio de 20,00 euros. Esta es su sinopsis:

A partir del siglo XVIII Italia y Grecia se convirtieron en lugares de culto y peregrinación obligada de los aristócratas jóvenes, cuya educación se consideraba incompleta hasta visitar la cuna de la cultura occidental para contemplar in situ algunos de sus mayores logros. Fue una tradición conocida como el Grand Tour, y a ella contribuyeron definitivamente obras como Viaje a Italia de Goethe, una de las primeras que atestigua la honda impresión que causaron los paisajes y las esencias mediterráneas en los habitantes de las tierras del norte. La impronta de aquellos viajeros precursores ha perdurado hasta nuestros días, y a sus últimos exponentes dedica la autora este libro: «A lo largo de los años, fruto de lecturas y búsquedas incesantes, fui conociendo a los personajes que aparecen en este libro, a los que he llamado “peregrinos de la belleza”. Ellos han sido mis sagaces e ilustrados mentores, quienes han agudizado mi mirada, ensanchado mi percepción y guiado mis pasos por el Mediterráneo».


sábado, 13 de junio de 2020

RECOMENDACIÓN: "HISTORIA MENOR DE GRECIA", DE PEDRO OLALLA


"Historia menor de Grecia" supone una detección, una recomposición y, hasta cierto punto, una restauración de los silencios de la historia griega, o, mejor dicho, de la del helenismo, juzgado en su devenir no sólo dentro de las fronteras tradicionales del espacio griego sino también más allá de ellas, allí donde el espíritu helénico ejerció su infuencia y conformó con ella otras culturas.

La mirada penetrante de Pedro Olalla recorre este camino desde los tiempos de Homero hasta los nuestros, desde la Jonia hasta la Magna Grecia, desde Atenas hasta el lejano Eburacum, desde Roma hasta Constantinopla, desde Antioquía hasta Cesarea, desde Bagdad hasta Mistrás, desde Quíos hasta Valladolid, desde Esmirna hasta Tepeleni. Allá donde se encuentra un rasgo de helenismo.

Lo grandioso y lo humilde, el cuestionamiento y el fanatismo, el nacimiento del arte de la palabra, la expansión de las colonias griegas, la guerra del Peloponeso, la dominación romana, la predicación de San Pablo en Atenas, las incursiones bárbaras, la cimentación del Imperio de Oriente, la destrucción de los santuarios antiguos, la persecución de los cristianos en tiempos de Juliano, la masacre del hipódromo de Tesalónica, las disputas dogmáticas y la guerra contra los herejes, la consolidación del poder papal, la influencia del espíritu griego en el Oriente islámico, la intelectualidad helénica en Italia, la diáspora griega en Occidente, la humillación bajo el yugo otomano… 

Pedro Olalla toma directamente las fuentes históricas para plasmar de forma literaria una reveladora colección de gestos humanos: decisiones, testimonios, ejemplos de conducta, personajes y hechos de la "segunda fila" de la historia, que ilustran de manera esclarecedora y emotiva la conformación y la supervivencia del espíritu humanista desde la Antigüedad hasta nuestros días.

Publicado, en enero de 2013, por Acantilado, el libro "Historia menor de Grecia" tiene 384 páginas y puede ser adquirido por un precio de 24,00 euros.

sábado, 4 de mayo de 2019

RECOMENDACIÓN: "ODISEA", DE JAVIER NEGRETE


Cuando sus dedos empuñaron el arco, Odiseo cerró los ojos un instante y respiró hondo

Tal vez, si él y sus compañeros triunfaban, futuros poetas compondrían cantos sobre los héroes que se enfrentaron a los dioses

Probablemente esos versos mezclarían mentiras y verdades, como las mezclaban los relatos que él mismo les había contado a la bella Nausícaa y a su padre sobre la cueva del cíclope, la isla de la maga Circe o el descenso a los infiernos


Odiseo fue de los pocos aqueos que conocía Troya por dentro. La visitó dos veces: primero como embajador para exigir que Helena fuera devuelta a su legítimo esposo y, años más tarde, como espía, tras deslizarse por una poterna que después de aquello había sido cerrada.

En aquella noche, Odiseo se había infiltrado en la ciudad buscando el santuario donde se encontraba el fabuloso Paladión, ya que se decía que aquella efigie de Atenea caída del cielo podía conferir a quien la poseyera un poder similar al de las divinidades

Pensando en la posibilidad de utilizar aquel poder en particular contra la propia diosa, Odiseo había subido hasta la ciudadela disfrazado de mendigo y buscando los vericuetos y las callejuelas más escondidos. Así llegó hasta el templo de Atenea e incluso tuvo un vislumbre indirecto del Paladión

Después, al salir del santuario lo descubrió nada menos que Helena, que se había desvelado y acudía a ofrecer un sacrificio a la diosa

En lugar de denunciarlo, la hija de Zeus lo llevó a sus aposentos, donde primero lo bañó y después yació con él, revolcándose y mordiéndole como si fuera la pantera sobre cuya piel copulaban

Una recompensa inesperada para el mismo hombre que, convencido de que Helena jamás lo elegiría a él, había sugerido a los demás pretendientes el juramento que los había traído a Troya.

El combate que los siete estaban a punto de librar no era solo cuestión de venganza, sino, por encima de todo, de supervivenciaY no únicamente la suya, sino la de toda la raza humana

El único consuelo era que, si fallaba, no quedaría nadie sobre la faz de la ancha Gea para cantar el fracaso de Odiseo

Javier Negrete, animado de un espíritu que solo y con toda justicia se puede calificar de "homérico", recrea en su nueva novela las aventuras del mayor héroe, y a la vez el más humano, de toda la mitología griega: Odiseo, rey de Ítaca, a quien acompañaremos durante los episodios más conocidos de la legendaria guerra de Troya y de su épico regreso a casa. 

Pero no piense el lector que el autor se limita a recontar esta peripecia. Lo que tiene en sus manos es una epopeya completamente nueva, que, firmemente asentada en la antigua, nos presenta a Odiseo desde niño, cuando, sin él saberlo, se convierte en objetivo de los dioses, especialmente de Atenea: entusiasmada con la inteligencia y el valor del muchacho, decide convertirlo en su campeón entre los mortales, en su herramienta para hacerse Señora del Olimpo

Lo que estaba muy lejos de sospechar la diosa de la guerra, la civilización, la sabiduría, la estrategia en combate, las ciencias, la justicia y la habilidad es que la principal virtud de Odiseo no es otra sino la astucia, y que quizá el de la manipulación sea el arte en el que los hombres se asemejan más a los inmortales.

Publicada por Espasa, la novela "Odisea" tiene 584 páginas y puede ser adquirida por un precio de 19,90 euros.

domingo, 3 de marzo de 2019

RECOMENDACIÓN: "LA MUERTE DE LOS HÉROES", DE CARLOS GARCÍA GUAL


En las páginas de "La muerte de los héroes", Carlos García Gual recupera, con referencias puntuales a textos antiguos, veinticinco escenas míticas en torno al tema del encuentro con la muerte de los héroes griegos

Esto es, lo que podríamos considerar su última aventura, gloriosa a veces, otras tristeEl mero morir no es algo extraordinario, sino un hecho ligado a la condición de todo ser humano, sea o no un héroe griego

Pero puede resultar interesante advertir cuántas variaciones hallamos en esas escenas de muertes, a veces muy singulares y dramáticas, y no carentes de una extraña ironía trágica en muchos casos. 

Se trata, pues, solo de evocar esas estampas, espigadas de diversos textos de la literatura clásica, presentando los relatos con numerosas citas poéticas, pero sin notas ni disquisiciones filosóficas

García Gual distingue en el libro tres secciones: primero están los personajes míticos más fabulosos; luego, algunos héroes homéricos, y, como tercer acto, los destinos de tres impresionantes figuras trágicas femeninas.

Acerca de los personajes de los mitos griegos, esas figuras arcaicas e inolvidables de la mitología clásica, la bibliografía es infinitaGarcía Gual no pretende dar todos los detalles de las respectivas tramas míticas ni detenerse en las notas eruditas.

Cuenta y comenta las escenas finales de sus peripecias: cómo acabaron. Es decir, narra la última escena de cada trayectoria, cuando ya va a caer el telón

El lector ya conoce, más o menos, lo esencial de esos viejos relatos, pero García Gual intento reavivar las luces y sombras de los variados ocasos

Es conocida la sentencia antigua que dice: “Los que los dioses aman mueren jóvenes”. Sin embargo, en el caso de los héroes esa afirmación no es válida

Por más que la juventud fue muy elogiada por los griegos, por los poetas líricos sobre todo, como el tiempo del amor y la belleza y la plenitud física, en contraste con la agobiante y fea vejez, la muerte prematura es una triste desdicha

De la muerte de muchos héroes jóvenes hasta los dioses se apenan —al menos en la epopeya—, y vemos cómo intentan salvar a sus favoritos, pero no siempre lo consiguen.

Excepto en alguna curiosa leyenda, la muerte no es ningún premio; es el destino fatal de la efímera condición humanaLa inmortalidad es privilegio de los dioses, “los que existen para siempre”. 

En su decisión de afrontar la muerte destella, justamente, la grandeza anímica del héroe

Los textos hablan de una “bella muerte” en el caso de esos jóvenes combatientes, que tiene un final admirable, cuando el “alma” (esa psyché significa “vida” y “hálito vital”) parte de golpe y abandona para siempre el cuerpo derrumbado y sangriento en el duro fragor de la lucha

Esa muerte es siempre un inmenso motivo de dolor, y el cadáver exige sus honores fúnebres

En la perspectiva homérica, del gran guerrero muerto perdurará la memoria debida a su coraje y su hombría magnánima, y por ello será recordado y motivo de elogio épico entre la gente de después, con un aura de largo resplandorEsto es especialmente notable en los bravos guerreros iliádicos

"La Ilíada", el primer gran poema de occidente, exalta esa arriesgada condición de los héroes que la poesía inmortaliza

A diferencia de los arcaicos héroes míticos, como Heracles o Jasón, que se lanzan a sus aventuras para lograr una gloria personal, el guerrero homérico asume la defensa de una comunidad y por ella expone su vidaEl ejemplo más claro de ese tipo de héroe es Héctor, que muere por Troya

Como señalaba Redfield, en su libro "La tragedia de Héctor", “Todos los hombres nacen para morir, pero solo el guerrero debe enfrentarse a este hecho en su vida social, puesto que solo cumple con sus obligaciones haciendo frente a los que buscan su muerte. La comunidad se asegura mediante el combate, que es la negación de la comunidad: esto genera una contradicción en el papel del guerrero. Su comunidad lo mantiene y lo envía a su propia destrucción. En nombre de la comunidad él debe abandonarla y penetrar en el reino de la fuerza. El guerrero solo protege al mundo humano contra la fuerza gracias a que él mismo está obligado a utilizar y sufrir la fuerza”. 

Ese es el tipo de héroe cívico que, siglos más tarde, ensalza Pericles en un famoso discurso fúnebre sobre los atenienses muertos por su patria, según recoge el texto de Tucídides.

El héroe debe experimentar la muerte. La muerte del héroe es el tema que le da su poder, no solo en el culto sino también en la poesía

Los lectores de la poesía helénica aún lo percibimos. Cuando un héroe se une al combate en la épica de Homero, somos plenamente conscientes de la intensa seriedad de todo ello: se va a enfrentar a la muerte.

Las mujeres griegas suelen quedar, en principio, al margen de ese sangriento escenario heroico

Sin embargo, algunas han dejado un rastro personal en esa memoria mitológica, afrontando con muy singular audacia la dura condena de la sociedad y sufriendo cruel muerte, al margen de las normas de esa tradición que marginaba a las mujeres de la vida pública, de la guerra y del poder

Así que, como colofón, García Gual evoca a tres famosas figuras femeninas, no épicas, sino trágicas: Clitemnestra, Casandra y Antigona. 

Las tres son, de modo muy distinto, figuras del mito que la tragedia ha exaltado y dibujado con tonos patéticos. Desafiaron la Ley, transgredieron la imposición masculina para erguirse contra la obediencia

Clitemnestra es, a los ojos de la Ley antigua, la más perversa: cometió adulterio y asesinó a su marido, y luego usurpó el trono de Micenas

Casandra se negó a los deseos de Apolo, incluso engañó al dios, cuando este le había ofrecido ya su regalo de boda: la profecía

Antígona desobedeció la Ley de Creonte, que en nombre de la patria y de la ciudad de Tebas prohibió dar sepultura a Polinices.


Las tres fueron castigadas: Clitemnestra murió a manos de sus hijos, Orestes y Electra. Casandra fue tenida por loca, esclavizada, brutalmente raptada, y asesinada en Micenas. Antígona fue condenada a la muerte y se ahorcó en la cueva donde estaba enterrada viva.

Publicado, en diciembre de 2016, por Turner, el ensayo "La muerte de los héroes" tiene 162 páginas y puede ser adquirido por un precio de 14,90 euros.

viernes, 8 de febrero de 2019

RECOMENDACIÓN: "ALEJANDRO MAGNO. CONQUISTADOR DEL MUNDO", DE ROBIN LANE FOX


Su ambición desmesurada, su voluntad implacable, su apasionada indulgencia ante las pasiones desenfrenadas, su disposición a matar en la batalla, en caliente y a sangre fría, y a destruir las comunidades rebeldesAlejandro Magno poseía todas las características del buen salvaje

Imagínense a un Napoleón escocés. Imagínense a un Carlos Eduardo Estuardo (“el bello príncipe Carlos”) con ambiciones europeas, que, tras reconquistarle Escocia al rey Jorge II, hubiese partido en cabeza de sus clanes no solo para conquistar Inglaterra –un simple prolegómeno–, sino para cruzar el canal de la Mancha, enfrentarse al ejército francés y derrotarlo en el río Somme, dirigirse luego hacia el sur, a España, y asediar y someter sus fortalezas principales, volver al norte y desafiar al Emperador del Sacro imperio, enfrentarse a él y derrotarlo dos veces en cabeza de sus tropas, apoderarse de su corona, incendiar su capital, enterrar su cadáver, y finalmente partir hacia el este para batirse con el Zar de todas las Rusias o el Sultán de Turquía. 

Imagínense que todo esto tiene lugar, pongamos, entre 1745 y 1756, entre los veintidós y los treinta y tres años del príncipe

Imagínense que a su muerte, a la edad de treinta y dos, los coronas de Europa se reparten entre sus hombres: imagínese a Lord George Murray reinando en Madrid, el Duque de Perth en París, Lord Elcho en Viena, John Roy Stewart en Berlín, Cameron de Lochiel en Varsovia; a una panda de cabecillas con falda escocesa pidiendo whisky a berridos en las pequeñas cortes del sur de Alemania, y en Londres a una guarnición de escoceses con las rodillas al aire

Imagínense, finalmente, que la mayor parte del Imperio Jacobita perdura hasta el siglo XIX, que una parte llega al XX, y el último resto hasta el XXI.

O imagínense, si lo prefieren, a un George Washington Bolívar, un Padre Fundador de Estados Unidos que decide también ser el Libertador de América Latina; que, tras haber superado el largo invierno en Valley Forge y los contratiempos de los años intermedios de la Guerra de Independencia, y sentirse exultante al final por la capitulación de Yorktown, concibe la ambición de liberar de gobiernos extranjeros a todas las Américas

Imagínese que embarca a todo el ejército continental en barcos de la recién nacida armada estadounidense y se dirige al sur, limpiando México de tropas españolas, dejando en las Antillas una guarnición de hombres de Virginia o de Nueva Inglaterra, y desembarcando en las costas de Sudamérica

Imagínese que, tras vencer en Perú, atraviesa los Andes, derrota al ejército español del este y muere cuando se acerca al imperio de Brasil.

Solo imaginándose esto podremos  hacernos una idea de lo extraordinaria que fue la proeza de Alejandro Magno

Las distancias y los obstáculos de ambas empresas exceden toda imaginación; y, de hecho, no tienen equivalente en ninguna realidad que no sea la de la vida del propio Alejando

En la historia ha habido, por supuesto, conquistadores de una ambición extraordinaria para su época: el huno Atila, cuyos jinetes cabalgaron desde Asia central hasta las puertas de Roma en el siglo V; los sucesores árabes de Mahoma, que se retiraron a España tras la derrota a orillas del Loira en el siglo VIII; y los hijos de Gengis Kan, los mongoles que amenazaron Venecia y Viena en el siglo XIII. 

Napoleón, un devoto de la épica de Alejandro, estuvo cerca de alcanzarla en el periodo que fue de 1797, en Rívoli, a 1812, en Moscú; pero las conquistas de este ciclón no igualaron las del original

Napoleón rara vez se aventuraron más allá de su continente. Atila, los árabes y los mongoles traspasaron las fronteras de Asia, pero apenas arañaron el corazón de Europa

Alejandro, en cambio, se adueñó primero del mundo griego, luego se trasladó a otro, el Imperio Persa, y por último se aventuró en un tercero, en la India

Cuando murió, en junio del 323 a. de C., había sometido la mayor superficie terrestre jamás conquistada por un solo hombre –con la única excepción del breve Imperio de Gengis Kan–, y había gobernado como señor, emperador o rey desde el monte Olimpo hasta el Himalaya

Su terrible legado fue ennoblecer el salvajismo en nombre de la gloria y dejar un modelo de mando que demasiados hombres ambiciosos intentarían emular en los siglos futuros.

Alejandro, está claro, fue un actor consumado, con grandes dotes teatrales. Su educación cortesana, primero en el regazo de su histriónica madre, y después en la silla de montar de su no menos dramático padre, constituyeron un aprendizaje teatral excelente

Lo perfeccionó con las clases de retórica de Aristóteles; y lo reforzó gracias al escrutinio constante a que se sometían sus modales, sus rasgos y sus reacciones en los años en que, como claro heredero, era el centro de atención de la corte macedonia

Todos los príncipes deben aprender a morderse la lengua y enmascarar sus gestos, en cabmio, Alejandro, gracias a su belleza, su encanto físico y su inteligencia rápida, necesitaba esforzarse mucho menos que la mayoría. Era “principesco” por naturaleza.

Pero ha habido muchísimos príncipes con estas cualidades que no lograron nada equivalente

Su energía feroz fue uno de los aspectos de su carácter que transformaron sus dotes físicas e intelectuales en capacidad práctica

Otro aspecto fue su valor imperturbable. La valentía de Alejandro fue la de quienes no creen en su propia muerte

Alejandro poseía una suerte de convicción divina en su supervivencia, fuera cual fuera el riesgo que corriese

No hay ningún indicio, en ninguna de sus biografías de la antigüedad, de que mostrara miedo ante nada, ni de que pareciera sentirlo

Esta exoneración del miedo pudo proceder de su identificación estrecha con los dioses del panteón griego

Se proclamó descendiente de Hércules, el dios-héroe supremo; asumió el parentesco con Zeus, tras su peregrinación a Siwa; y –esto se discute más– quizá permitiera, y promoviera incluso, que se le adorara como a un dios tras erigirse en señor de Asia.

La cuestión de si realmente se consideraba un dios en la etapa final de su vida nos devuelve, por un camino distinto, a la de quién era el Alejandro “interior”, “esencial” o “real

Es una cuestión que quizá no pueda plantearse con respecto a ningún otro ser humano

Su ser privado y su ser público, el pensamiento y la acción, la reflexión y la ejecución, se encontraban en su vida tan entrelazados y compenetrados que resulta imposible separarlos

Como un gran actor en un gran papel, en su persona se fundían lo que era y lo que representaba

Vivió su vida siempre en un escenario –fuese el de la corte, el del campamento o el del campo de batalla–, y el desarrollo del argumento que presentaba al mundo estaba determinado por el tema que había escogido para su vida. “Son quienes soportan el esfuerzo y desafían los peligros quienes alcanzan las hazañas gloriosas –dijo en Opis, según Arriano–. Hermoso es vivir como un valiente y morir dejando atrás una fama eterna”.

Pero este afán de Alejandro por la gloria, dentro de las unidades dramáticas de tiempo, espacio y acción que la guerra impone a quienes la practican, no debería quitarnos de la vista la naturaleza limitada y áspera de lo que hizoFue mucho lo que destruyó, y poco o nada lo que construyó

El Imperio Persa –que constituía una fuerza ordenadora en el mundo antiguono sobrevivió a la conquista de Alejandro

Tras su muerte, bastó una generación para que se desmembrara, a causa de las disputas de sus sucesores, los diádocos

La conquista misma se había llevado a cabo a costa de los sufrimientos de muchos: no solo de los persas que se enfrentaron a la invasión macedonia, sino también de los diversos pueblos del imperio cuya vida se vio perturbada por dicha conquista, y que reaccionaron a la perturbación con lo que Alejandro consideraba insurrección y rebelión.

Puede que Alejandro no fuese un misterio para sí mismo, pero sí lo es para nosotros. La vida interior de Alejandro nos es casi enteramente desconocida. No contamos con ningún registro literal de nada de lo que dijera o escribiera. No dejó ningún código legal, ninguna teoría de la guerra ni ningún tratado sobre la monarquía.

Su técnica, aunque se caracterizó sobre todo por acciones violentas, impetuosas y aparentemente irreflexivas, de ningún modo fue solo impulsiva

Fue un estratega incisivo, como demuestran sus meticulosas disposiciones logísticas y el formato consultivo de sus reuniones de estado mayor, recogidas por Arriano

En la dirección de su ejército, Alejandro fue práctico en los aspectos materiales y agudo en los psicológicos: sus hombres estaban bien alimentados, puntualmente pagados, descansados, tenían entretenimientos y recibían halagos, recompensas y permisos

Al valiente se le condecoraba, al enfermo se le atendía, al herido se le alababa y reconfortaba

Alejandro castigaba cuando debía, sobornaba cuando debía, no olvidaba nunca que la nostalgia del hogar y la carga del celibato eran padecimientos que él había impuesto a sus hombres

Aunque su pretensión era aparecer como sobrehumano, aceptaba la naturaleza del soldado común y se mostraba indulgente con ella.

Escrito por Robin Lane Fox y traducido por Maite Solana Mir, el libro "Alejandro Magno. Conquistador del Mundo", que fue publicado, en noviembre de 2016, por El Acantilado, tiene 960 páginas y puede ser adquirido por un precio de 29,00 euros.

martes, 21 de noviembre de 2017

RECOMENDACIÓN: "QUERONEA", DE LAURA RUBIO GIMENO


Fue Tebas, donde siendo solo un niño, fue enviado Filipo de Macedonia como rehén. Fue su batallón sagrado, tras la legendaria victoria de Leuctra, el causante de este hecho.

Pero también crueles bromas del destino, fueron esos mismos soldados quienes criaron a Filipo

Durante su estancia en Tebas, el futuro rey de los macedonios pudo estudiar todas sus tácticas, todas sus formaciones

Allí aprendió que un ejército invicto no lo es solo gracias a un buen estratega: el batallón sagrado estaba compuesto por la élite de las tropas tebanas.

Además sus integrantes combatían por parejas, protegiéndose mutuamente de esa forma. Pero sin duda, lo que hacía invencibles a esos hombres era que se amaban

Fue un comandante tebano, de nombre Gorgidas, el que pensó que en un destacamento así, en un ejército de amantes, cada soldado lucharía hasta la extenuación para proteger a su pareja y aún más allá de la misma por vengarla.

Y no se equivocaba, pues no existen lazos más temibles de entre todos los temibles lazos que los que ese amor que de indestructible es capaz de destruirlo todo, hasta a sí mismo.

En el año 338 a.C., La ciudad de Queronea, abrazada por sus propias murallas, callaba y contiene el alientoEl viento traía el olor de una tormenta lejana que todavía no se había desatado.

Pero los cuervos sabían que estaba próxima, y se arremolinaban en los cielos. El trigo se agitaba con el suspiro de los dioses, y en la orilla de ese mar dorado, una ola se alzaba, hacha del sonido de los cuernos y el relinchar de los caballos.

La batalla de Queronea había comenzado, las polis griegas de Atenas y Tebas se enfrentaban al ejército macedonio comandado por Filipo

A partir de esta batalla, comenzará la etapa de esplendor y la hegemonía de Macedonia en toda la Hélade.

Escrito y dibujado por Laura Rubio Gimeno, el álbum "Queronea", que fue publicado, en marzo de 2017, por GP Ediciones, tiene 88 páginas a color y puede ser adquirido por un precio de 14,00 euros.