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martes, 6 de agosto de 2024

"FOUCHÉ. EL GENIO TENEBROSO", DE KIM




Fouché aprendió muy pronto algo que le fue muy útil toda su vida, el arte de saber callar, la forma de ocultarse a sí mismo y la maestría para ver y conocer el corazón humano.

Ese fue el aprendizaje y adiestramiento de Fouché antes de subir al podio del escenario mundial. Quizá no fue por casualidad que los tres grandes diplomáticos de la Revolución Francesa: Talleyrand, Sieryés y Fouché salieran de la de la escuela de la Iglesia.

Acérrimo comunista, profesor de niños de suburbio, sacerdote blasfemo, verdugo de Lyon, terror de los aristócratas, segundo ciudadano más rrico de Francia, mayor terrateniente del país, quintaesencia del conspirador político, intrigante y astuto, Fouché fue la sombra del poder durante los años que van desde la Revolución francesa a la restauración borbónica. 

Según soplase el viento, Fouché se inclinaba por la república, por el Terror, por Napoleón o por Luis XVIII. 

Fue una figura perversa y diabólica que supo sortear todos los riesgos y peligros a lo largo de su vida.

Escrito y dibujado por Kim, el álbum "Fouché. El genio tenebroso" tiene 120 páginas a color y puede ser adquirido por un precio de 24,95 euros. 

viernes, 27 de agosto de 2021

RECOMENDACIÓN: "REVOLUCIÓN 1: LIBERTAD", DE GROUZAEL Y LOCARD


En el verano de 1789, Luis XVI, intentando sanear las cuentas del Reino de Francia y volver a subir los impuestos, decide convocar un órgano consultivo inusitado desde 1614: los Estados Generales.

Los notables de los Tres estamentos que conforman el Reino de Francia -clero, nobleza y Tercer Estado-, eligen una asamblea de 1.139 representantes para llevar a cabo esa reforma fiscal. 

Llegan a Versalles cargados de protestas de todos los varones franceses mayores de veinticinco años. El contenido de esos pliegos de queja va mucho más allá de la simple crisis financiera.

Guerras ruinosas sufragadas por la Corte, préstamos continuados y exentes de impuestos para algunos privilegiados ... el Reino arrastra una deuda abismal.

Y sus arcas están vacías.

Amenazado de bancarrota, la mala cosecha de 1788 coloca al país al borde de la hambruna.

Mientras los agricultores esperan la cosecha del año con angustia, el mercado retiene el indispensable grano en sus graneros. 

En Francia, el poder emana de la persona del Rey.

Él dirige el país, asistido por su ministros y teniendo en cuenta la opinión de la Reina y su entorno.

Ese primer círculo lo completa la Corte, un heterogéneo conjunto de antiguas familias de aristócratas y nuevos nobles que han pagado un alto precio por llegar donde están.

Después, orbitando el sol versallesco, todo un mundo de financieros, agentes de cambio y magnates de la industria que han sabido hacer que la Corona dependa de su fortunas: la Bolsa de París.

Lejos de allí, pequeños y grandes señores de provincias se aferran celosamente a los poderes que la centralización monárquica aún no les ha arrebatado.

El duque de Orleans, primo de Luis XVI, posee un complejo de cafeterías de moda, boutiques de lujo y teatros, el Palais-Royal, en pleno corazón de París.

Esta meca de la vida social (y de la prostitución) se convierte en el epicentro de la agitación política del momento.

Naturalmente, esto hace que el duque muestre cierto interés por el trono, lo que propaga teorías conspirativas por todas partes. Se acusa a Orleans de financiar un formidable ejército de delincuentes.

La presencia de un asentamiento de parados y vagabundos arrojados a las calles por la miseria en los alrededores de la capital inquieta hasta a los parisinos más desfavorecidos y alimenta todos los fantasmas.

Tras el anuncio de la destitución de Necker, todo París entra en ebullición. Una procesión de manifestantes sale del Palais-Royal hacia los bulevares para exigir la restitución del ministro.

Cuando la masa llega a la plaza Luis XV, el comandante Besenval ordena cargar con s sables al regimiento de dragones del Príncipe de Lambesc.

Los manifestantes se refugian en el cercano Jardín de las Tullerías.

A la hora del paseo, los dragones se dispersan por los jardines, sembrando el terror entre las familias, pisoteando mujeres y niños, matando a un anciano y provocando la indignación hasta de los ciudadanos más moderados. Se ven varias compañías de la Guarida Francesa confraternizando espontáneamente con los parisinos.

Empero, con los dragones acuartelados en el Campo de Marte, se habla de numerosos refuerzos que acuden apresuradamente hacia la capital.

Obsesionados con las tropas extranjeras y los rumores sobre saqueos, los parisinos, dispuestos a defender su ciudad, ven resurgir otra amenaza más insidiosa: la carestía.

¿Cómo llevar los artículos indispensables hasta el mercado de Les Halles cuando las barreras, aunque destruidas, están férreamente vigiladas por los regimientos reales, infranqueables para la mayor parte de los que podrían abastecer París?

Esperando ayuda de la municipalidad, los insurgentes se congregan en la plaza del ayuntamiento y presionan a las autoridades para que les proporcionen armas y víveres. Los políticos, encerrados en su sala del consejo con su líder el preboste Flesselles al frente, parecen decididos a no hacer nada.

Tras el linchamiento del gobernador de Launay ante el ayuntamiento, un hombre de aspecto peculiar, ataviado con un casco de dragón, le corta la cabeza. El llamado Desnot, carnicero de profesión que se había hecho con el casco dos días antes, tras la carga en el Jardín de las Tullerías, justifica su acto presumiendo de saber trabajar la carne.

La cabeza, clavada en una estaca, se suma rápidamente a la del preboste Fleselles en una larga procesión por las calles de París.

Según Desnot, tras este macabro desfile, una cantidad considerable de gente le anima a llevarse los trofeos a casa para volverlos a sacar de paseo al día siguiente. Él contesta que, estando casado, "eso podría provocar una revolución", en su casa y que las llevará al Grand-Chatelet, con acuse de recibo, antes de celebrar su proeza.

A pesar de la derrota en el guerra de los Siete Años, el Reino de Francia sigue controlando el segundo mayor imperio colonial del planeta, cuyos productos constituyen un maná esencial -que los parisinos consumen en cantidades ingentes-, cacao, añil, porcelana, además de telas de algodón y por supuesto azúcar, con Santo Domingo como primer productor mundial.

Ahí está el dinero y los financieros no fallan, invirtiendo en masa en la Compañía de las Indias. Es el caso del banquero Necker, que hacer fortuna en los puertos de la vertiente atlántica.

Los cultivadores y colonos del Nuevo Mundo no dudan en propagar la presunta amenaza de la secesión para imponer sus intereses, considerándose los principales creadores aquella riqueza.

Sus esclavos pueden dar fe de ello.

El país entero se estremece.

Los rumores más espantosos, sobre bandas de bandoleros dispersas por los caminos que roban el trigo aún verde y saquean las granjas, alarman a las zonas rurales. Los campesinos y terratenientes se arman contra la amenaza y alertan a los pueblos vecinos, acompañados por el funesto toque de queda que propaga el miedo varias leguas a la redonda.

A menudo, estas patrullas armadas con horquillas y fusiles se confunden entre la polvareda del camino con esas hordas que pretenden repeler.

Para controlar a las milicias surgidas por todo el país, las ciudades de provincias siguen el ejemplo de París, donde la municipalidad, bajo la presión burguesa aprueba la creación de una fuerza policial de cuarenta y ocho mil hombres, que recluta entre los habitantes de los sesenta distritos de la capital y que pone bajo el mando del marqués de La Fayette.

Esta nueva Guardia Nacional parisina está compuesta -al menos sobre el papel- de seis divisiones de diez batallones cada una, formados estos por cuatro compañías de cien voluntarios civiles, a las que se añade una compañía llamada "del centro" formada por militares profesionales, provenientes en su gran mayoría de la Guardia Francesa, en plena desbandada.

Naturalmente, los puestos de mando recaen en los nobles.

Los acontecimientos del julio pasan por Francia como una tempestad. El reino se recupera de la conmoción transformado.

Qué cantidad de puestos ocupar tras la deserción de los nobles emigrados (que, dicho sea de paso, dejan en el paro a infinidad de peluqueros, perfumeros y criados), qué cantidad de nuevas plazas a ocupar en instituciones nacidas en esos días de julio, qué cantidad de de oportunidades, además de iniciativas personales y, sobre todo, ambiciones ... ¡todas ellas liberadas repentinamente de lso pesados grilletes del pasado!

Muchos consideran que la Revolución ha sido un éxito ... De hecho, ¿qué mejor prueba que la reciente reapertura de la Bolsa?

Con la llegada del otoño, la Asamblea concluye la redacción de su Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, pero el Rey, instalado en el silencio, se sigue negando a ratificarla. A pesar de la buena cosecha, el abastecimiento de París sigue teniendo problemas y el precio del pan sube a tres soles la libra. Para los más desfavorecidos, las conquistas políticas del verano no son más que mera palabrería y no han alejado, ni mucho menos, el fantasma de la hambruna.

Por otra parte, Necker debe reconocer que su ambicioso plan de crédito resulta inoperante. Las arcas están más vacias que nunca.

Empero lo que realmente indigna a los parisinos y, particularmente, a las parisinas son las últimas extravagancias de la familia real; al parecer, el monarca y su esposa, durante un banquete en honor al Regimiento de Flandes, se mostraron entusiasmados con las muestras antipatrióticas de los oficiales.

Y el mayor de los ultrajes: ¡incluso habrían pisoteado la bandera tricolor!...

Escrita y dibujada por Florent Grouazel y Younn Locard, la novela gráfica "Revolución 1. Libertad", que fue publicada por Planeta, tiene 336 páginas a color y puede ser adquirida por un precio de 35,00 euros.

    martes, 16 de febrero de 2021

    RECOMENDACIÓN: "EL CONDE NEGRO", DE TOM REISS


    "
    El conde negro" es la biografía de uno de los grandes héroes olvidados de la Historia, a pesar de que su vida nos resulte inesperadamente familiar. 

    Sus proezas se narran en "Los tres mosqueteros" y sus victorias y padecimientos inspiraron "El conde de Montecristo", dos novelas escritas por su hijo, Alejandro Dumas. 

    El general Alex Dumas merece ocupar un lugar entre los grandes por un motivo muy singular: fue el único de su raza que estuvo al frente de poderosos ejércitos durante una intrépida campaña en la que atravesó Europa hasta llegar a Oriente Medio. 

    Hijo de una esclava negra y de un noble francés de raza blanca, Alex Dumas nació en Saint-Domingue (hoy Haití). 

    Vendido como esclavo, consiguió llegar a París, donde estudió esgrima y se codeó con la flor y nata de la aristocracia. 

    Cuando estalló la Revolución Francesa, ingresó en el ejército como soldado raso, pero después de hazañas legendarias fue el general al mando de un ejército de más de cincuenta mil hombres. 

    Aunque llegó muy alto, Dumas siguió viviendo gracias a su audacia y a su dominio de la espada, que le permitieron hacer frente a difíciles situaciones de las que siempre salía airoso. 

    Con todo, sus férreos principios terminaron convirtiéndolo en una amenaza para Napoleón. Cuando regresaba a Francia tras conquistar Egipto, su barco se hundió, y él, capturado por un misterioso enemigo, fue a parar a un calabozo, donde fue víctima de un lento envenenamiento. Y el destino que lo esperaba tras conseguir escapar de la prisión sería aún más «ponzoñoso». 

    "El conde negro" es, a la vez, una vibrante historia rebosante de aventuras, un viaje desbordante de detalles por la historia europea de finales del siglo XVIII y una ventana a la primera sociedad multirracial del mundo moderno. 

    Asimismo, es una narración entrañable sobre los duraderos vínculos del amor paternofilial. Basado en documentos, cartas, despachos militares y el diario que el general Dumas escribió en su cautiverio –documentos desconocidos hasta la fecha–, este libro es una obra maestra en el ámbito de la no ficción narrativa.

    Publicado por Anagrama, escrito por Tom Reiss y traducido por Daniel Najmías, el libro "El conde negro" tiene 600 páginas y puede ser adquirido por un precio de 27,90 euros.


    lunes, 14 de septiembre de 2020

    RECOMENDACIÓN: "FOUCHÉ. RETRATO DE UN HOMBRE POLÍTICO", DE STEFAN ZWEIG


    La ambición y la intriga fueron las únicas pasiones de este hombre político, carente de escrúpulos y moral, que navegó a través de las convulsiones sociales y políticas de la Francia revolucionaria y del imperio sin mudar el gesto. 

    Este aguardar en la oscuridad fue la actitud de Fouché durante toda su vida. No ser nunca el objeto visible del Poder y sujetarlo, sin embargo, por completo; tirar de todos los hilos eludiendo siempre la responsabilidad. 

    Colocarse, parapetado, detrás de una figura principal, y empujarla hacia delante; y en cuanto ésta avanzaba excesivamente, en el instante decisivo, traicionarla de manera rotunda. Éste fue su papel preferido.

    Lo interpretó como el más perfecto intrigante de la escena política, en veinte disfraces, en innumerables episodios bajo los republicanos, los reyes o los emperadores, siempre con el mismo virtuosismo.

    A veces se le presentó la ocasión, y con ella la tentación, de representar el papel principal, el papel de héroe en el drama mundial. Pero fue demasiado perspicaz para desearlo seriamente. 

    Tenía plena conciencia de su rostro feo y repulsivo, que no se prestaba para las medallas y emblemas, para el lujo y la popularidad, a lo que no podría ofrecer nada heroico con una corona de laurel sobre la frente. 

    Sabía de su voz delgada y enfermiza que puede muy bien susurrar, sugerir, insinuar, pero nunca arrastrar a las masas con elocuencia inflamada. 

    Sabía que su fuerza residía en el aposento de burócrata, en la habitación cerrada en la sombra. 

    Allí podía acechar y explorar holgadamente, observar y convenir, tirar de los hilos y enredarlos mientras permanece impenetrable, hermético.

    Éste fue el último secreto de la fuerza de Fouché, que, aunque anhelaba el Poder, la mayor cantidad posible de Poder, se conformó con la conciencia de su posición; no necesitó sus emblemas ni su investidura. 

    Fouché tuvo amor propio desmesurado, pero no ansió de gloria; era ambicioso sin vanidad. La vara de lictor, el cetro de rey, la corona de emperador podían llevarlos otros tranquilamente. cedió gustoso el brillo y la dicha de la popularidad. 

    A él le bastó con enterarse de la cosa, con tener influencia, con ser él quien mandó verdaderamente sobre quien tenía la apariencia de mando, y, sin exponer su persona, hacer el juego emocionante, el juego tremendo de la política. 

    Mientras los demás se ligaban fuertemente a sus convicciones, a sus palabras y gestos oficiales, quedó él, tenebroso y escondido, interiormente libre; es lo permanente en el proceso fugitivo de apariciones. 

    Los girondinos cayeron, Fouché permaneció; los jacobinos fueron arrojados, Fouché permaneció; el Directorio, el Consulado, el Imperio, el Reino y otra vez el Imperio zozobraron y desaparecieron, pero siempre permaneció él, el único, Fouché, gracias a su refinado retraimiento y a su valor audaz para perseverar en la falta absoluta de vanidad.

    Escrito por Stefan Zweig y traducido por Carlos Fortea, el libro "Fouché. Retrato de un hombre político", que fue publicado, en febrero de 2011, por Acantilado, tiene 288 páginas y puede ser adquirido por un precio de 22,00 euros.

    martes, 5 de marzo de 2019

    RECOMENDACIÓN: "LA PIMPINELA ESCARLATA", DE LA BARONESA DE ORCZY

    "Lo buscan por aquí, lo buscan por allá, los malditos franceses lo buscan sin cesar.
    Nadie sabe dónde está; parece cosa de magia.
    ¿Dónde se habrá metido La Pimpinela
    Escarlata?"




    París, septiembre de 1792, una muchedumbre enfurecida, hirviente y vociferante de seres que sólo de nombre eran humanos, pues a la vista y al oído no parecían sino bestias salvajes, animados por las bajas pasiones, la sed de venganza y el odio. 

    La hora, un poco antes del crepúsculo, y el lugar, la barricada del Oeste, el mismo sitio en que, una década después, un orgulloso tirano erigiría un monumento imperecedero a la gloria de la nación y a su propia vanidad. 

    Durante la mayor parte del día la guillotina había desempeñado su espantosa tarea: todo aquello de lo que Francia se había jactado en los siglos pasados, apellidos ancestrales y sangre azul, pagaba tributo a su deseo de libertad y fraternidad. 

    Que a últimas horas de la tarde hubiera cesado la carnicería únicamente se debía a que la gente tenía otros espectáculos más interesantes que presenciar, un poco antes de que cayera la noche y se cerraran definitivamente las puertas de la ciudad.

    Sir Percy Blakeney había viajado mucho por el extranjero antes de llevar a su país a su joven y hermosa esposa francesa. 

    Los círculos más selectos de la época los recibieron a ambos con los brazos abiertos, sin el menor reparo. 

    Sir Percy era rico, su esposa encantadora, y el Príncipe de Gales les tomó gran cariño. Al cabo de seis meses, se les consideraba árbitros de la moda y la elegancia. 

    Las chaquetas de Sir Percy estaban en boca de todos, se repetían sus necedades, la juventud dorada de Almack's o el paseo del Mall imitaba su risa tonta. 

    Todos sabían que era irremediablemente estúpido, pero no era de extrañar, teniendo en cuenta que todos los Blakeney eran célebres por su torpeza desde varias generaciones atrás, y que la madre de Sir Percy había muerto loca.

    La buena sociedad le aceptaba, le mimaba, le tenía en gran estima, pues sus caballos eran los mejores del país, y sus fiestas y vinos los más celebrados. Además, había contraído matrimonio con "la mujer más inteligente de Europa".
    ..
    Empero, Sir Percy Blakeney lleva una doble vida como La Pimpinela Escarlata, salvador de aristócratas e inocentes durante el Reinado del Terror después de la Revolución Francesa. 

    Cada vez que un realista escapa a Inglaterra ese diablo de Foucquier-Tinville, el fiscal, recibe una nota con una pequeña flor roja, una pimpinela escarlata, dibujada en él.

    Escrita por la Baronesa de Orczy, "La Pimpinela Escarlata", que fue publicada por Diabolo Ediciones, tiene 298 páginas y puede ser adquirida por un precio de 19,95 euros.