En "El caso Francis Blake", obra de Jean Van Hamme y Ted Benoit, el tradicional y único Londres se encuentra gozando de la suavidad de un mes de junio excepcionamente soleado, cuando una alarmante noticia inquieta a los empleados de la City que se precipitan a sus oficianas: ¡un espía arrestado revela la existencia de una red de agentes extranjeros en territorio británcio!
Mientras una importante reunión se lleva a cabo en la sede del Intelligence Service, en los locales de Scotland Yard. La atmósfera es tensa.
Hace meses que intentan desmantelar esa maldita red, sin resultado hasta la fecha. Pero ahora que la prensa ha conseguido meter, Dios sabe cómo, la nariz en este asunto, pronto serán el hazmerreir del mundo.
La identificación de esa red se ha convertido en la prioridad número uno del servicio de contraespionaje dirigido por el Capitán Francis Blake. Por desgracia, cada vez que creen tener una pista, los agentes extranjeros consiguen desvanecerse, como si fueran avisados misteriosamente de las intenciones de los servicios británicos.
¿Quiere ello decir, que la suposición que creían fantasiosa, de un topo en el Intelligence Service, podría corresponder a una cierta realidad?
En "La maguinación Voronov", obra de Yves Sente y André Julliard, el cosmódromo de Baikonur, cerca del mar de Aral, en el Kazajstán soviético, la agitación reina en la base de lanzamiento de cohetes espaciales. La Unión Soviética ha cobrado ventaja en la desenfrenda carrera por la conquista del espacio que libra con Estados Unidos, y el Kremlin ha dado órdenes formales para que dicha ventaja se mantenga cueste lo que cueste.
El ambiente es tendso en el interior de la sala de control. Rezando interiormente para que la suerte sonría a "su" cohete y que el duro trabajo de los pasados meses sea coronado con el éxito, el profesor Iliushin pulsa el botón que iniciará la maniobra de lanzamiento.
Con un estruendo que hace temblar la tierra, los cuatro motores, cada uno con un empuje de cinco motores, cada uno con un empuje de cinco toneladas, arrancan majestuosamente al cohete de la atracción terrestre paraq lanzarlo hacia la inmensidad estrellada.
Los cuatro propulsores se separan en el segundo preciso del cuerpo del cohete que prosigue su rumbo al infinito, pero su velocidad y potencia disminuyen bruscamente tras una desviación radical de la trayectoria balística. El cohete ha debido de recibir el impacto de un meteórito, pero no se desintegra y empieza a caer.
Menos de cinco minutos después, se pone en camino un convoy de recuperación. Mientras la cabeza se acerca al suelo a gran velocidad. Dos horas más tarde, la tensión está al límite en el bunker de control de Baikonur, todos los integrantes del equipo de recuperación han fallecido. Es evidente que la cabeza del cohete no ha vuelto sola a la Tierra.
Es necesario enviar un nuevo equipo de recuperación. ¡Quienes lo compongan deberán llevar obligatoriamente trajes herméticos y máscaras de oxígeno! Deberán aislar los cadáveres y la cabeza del cohete en contenedores igualmente estancos y llevarlo todo a la clínica de la KGB...
En "La extraña cita", obra de Jean Van Hamme y Ted Benoit, el 17 de octubre de 1777, quince meses después de la Declaracion de Independencia de las Trece Colonias Americanas, la aplastante victoria de los "rebeldes" en Saratoga iba a suponer el giro decisivo de la Guerra de la Independencia, conducida por los patriotas del Nuevo Mundo contra los casacas rojas de Su Majestad Jorge III.
En la mañana posterior a la batalla, una veintena de supervivientes del 62º Wilshire Regiment, separados del grueso de las derrotadas tropas británicas, cruzaban los espesos bosques de los Montes Adirondack, sin dudar que una banda de indios Oneidas, aliados de los rebeldes, había salido en puersecución.
Lideraba el grupo Lachlan McQuarrie, un mayor de 34 años, noble escocés sin fortuna que había hecho carrera en el cuerpo de los oficiales británicos de ultramar.
Al caer la noche, incapaz de orientarse, el oficial ordenó a sus hombres detenerse cerca de un claro.
Extenuados, sedientos, con el estómago vacío, los soldados se dejaron caer sobre el suelo hundiéndose instantáneamente en un profundo torpor.
El benjamín de la pequeña tropa, Dermot Pitt, tambor del Regimiento apenas contaba con quince años. Atenazado por el miedo y por el hambre, tan agotado como sus compañeros, no conseguía conciliar el sueño.
Mientras sonaban a su alrededor los sordos ronquidos de los soldados dormidos, el joven recordaba a los suyos, que le esperaban en su amado Gales, preguntándose con ansiedad si alguna vez tendría la felicidad de volver a verlos.
De repente, la presencia de una extraña luz, más allá de los árboles le sacó de sus pensamientos. Al girarse vió al mayor Mcquarrie que, también despierto, se dirigía prudentemente hacia ella, mosquete en mano.
Intrigado, Dermot le siguió, pero al llegar al límite del claro quedó inmóvil, fascinado por el increíble espectáculo que se desarrollaba antes sus ojos.
En el centro del claro, tres columnas de luz caían verticalmente desde el cielo oscuro, al perecer, sin sentir ningún miedo, Mcquarrie se acercó a ellas hasta quedar en el centro de los tres rayos. Petrificado, el tambor quiso gritar, pero ningún sonido salió de su reseca garganta.
De repente, tras juntarse brevemente en un único haz, los misteriosos rayos se desvanecieron bruscamente, dejando el claro desierto.
Al alba, los ingleses no creyeron un sola palabra de la historia, se sintieron abandonados por su jefe, y reemprendieron la marcha. Pocas horas más tarde, los Oneidas les alcanzaron, y se produjo una despiadada mascre.
Tan solo tres hombres, entre ellos Dermot Pitt, lograron huir y reunirse con los suyos. En base a su relato, Lachlan McQuarrie fue considerado un desertor, privado de su rango y su nombre tachado de los registros del ejército. El joven tambor, repatriado a Inglaterra, ni siquiera fue tenido en cuenta.
Privados de pensión y abrumados por el deshonor, la esposa y los tres hijos del mayor escocés se vieron así condenados a llevar una existencia miserable hasta el fin de sus días.
177 años más tarde, en las laderas de las Montañas Rocosas, tres rayos caen del cielo, de repete los tres rayos se juntan y, un segundo después, aparace el cadáver de Lachlan McQuarrie...
Publicado por Norma Editorial, el tomo "Blake y Mortimer. Integral 4" tiene 220 páginas a color color y puede ser adquirido por un precio de 38,00 euros.
