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sábado, 15 de marzo de 2025

"EL BARÓN BAGGE", DE ALEXANDER LERNET-HOLENIA



En pleno invierno de 1915, al sur de los Cárpatos, un destacamento de ciento veinte jinetes del ejército austro-húngaro persigue más allá de sus líneas un enemigo inalcanzable. A través de la enorme llanura desolada, sobre la que se cierne un cielo plomizo y una densa niebla cenicienta, la tropa se adentra en un extraño reino poblado de sombras que vagan por la oscuridad y el silencio, donde «ya no sabe uno con certeza quién es el que aún vive y el que ya está muerto; ni siquiera de sí mismo puede uno estar seguro». Veinte años después el barón Bagge, único superviviente de aquel malhadado destacamento, narra cómo en el transcurso de aquella misión vivió la aventura de amor y muerte que cambió radicalmente su vida.

Escrita por Alexander Lernet-Holenia, traducida por Alberto Luis Bixio y publicada por Siruela, la novela "El barón Bagge" tiene 96 páginas y puede ser adquirida por un precio de 21,50 euros.

jueves, 20 de octubre de 2022

"LA BALADA DEL SOLDADO ODAWA", DE CÉDRIC APIKIAN Y CHRISTIAN ROSSI



Escrito por Cédric Apikian y dibujado por Christian Rossi, el álbum "La balada del soldado Odawa", que fue publicado por Norma Editorial, tiene 88 páginas a color. Ésta es su sinposis:

¿Cómo animar a la tropa cuando la moral decae, presintiendo el horror en que se sumergen? Un capitán del contingente canadiense, desplegado en suelo francés el febrero de 1915, forma un comando de francotiradores amerindios que incluye al famoso soldado Odawaa, apodado Tomahawk. Rápidamente, sus hazañas de guerra, sobrehumanas y de una violencia inaudita, siembran el pánico en las líneas enemigas...

domingo, 27 de diciembre de 2020

RECOMENDACIÓN: "PETROGRADO", DE PHILIP GELATT Y TYLER CROOK



Estocolmo, 1916, Protopopov, un político ruso, se entrevista con el embajador alemán. Protopopov es nombrado Ministro del Interior tan pronto como vuelve a Petrogrado.

Los británicos sospechan que la zarina y su consejero espiritual, Gregori Rasputin,  están buscando alcanzar la paz con el Reich alemán. Si lo consiguen, sería un desastre estratégico sin precedentes. 

Los alemanes podrían redirigir sus tropas del Frente Oriental al Occidental. Eso significaría cientos de miles soldados alemanes inundando el Frente Occdiental. Golpearían a británicos y franceses como un tsunami sangriento.

"Petrogrado" es la historia de la conspiración para acabar con Grigori Rasputín. La historia de un espía británico reticente, Cleary, que recibe la misión más difícil de su carrera: orquestar la muerte del Monje Loco. 

Una misión que le obligará a trabar peligrosas alianzas con la policía secreta, la aristocracia y extremistas radicales. Pero, ¿quién es reamente Cleary? ¿un espía? ¿un revolucionario? ¿un oportunista? ¿un reaccionario? ¿nada de eso?

Escrita por Philip Gelatt y dibujada por Tyler Crook, la novela gráfica "Petrogrado", que fue publicada, en marzo de 2013, por Norma Editorial, tiene 250 páginas y puede ser adquirida por un precio de 25,00 euros.

jueves, 17 de octubre de 2019

RECOMENDACIÓN: "EL TELEGRAMA ZIMMERMANN. EL DOCUMENTO SECRETO QUE CAMBIÓ EL CURSO DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL", DE BARBARA W. TUCHMAN




En 1915, la posición de los Aliados era demasiado precaria para entablar negociaciones de paz con los Imperios centrales. 

Su estrategia en el frente occidental había fracasado rotundamente. Miles de vidas habían sido sacrificadas en el Somme, mientras que a lo largo de tres meses de lluvias otoñales, que no habían tenido en cuenta en la elaboración de su estrategia, el general Haig daba la orden de ataque a unas tropas hundidas en el barro y dispersadas por las bombas enemigas. 

A finales de noviembre de 1915, la ofensiva se dio por terminada después de haber conseguido avanzar unos once kilómetros y haber perdido en total un millón de vidas. 

En enero de 1916, la expedición de los Dardanelos había fracasado; en diciembre, Rumania, último país en unirse a los Aliados, capituló; el gobierno del Zar comenzaba a desintegrarse y circulaban rumores de que Rusia estaba dispuesta a firmar la paz independientemente. 

En Londres, el 5 de diciembre, el endeble gobierno de Asquith cedió el paso al gobierno encabezado por el militante Lloyd George, que estaba tan dispuesto a negociar como a capitular.

Los hechos le hubieran parecido obvios a cualquiera menos al Presidente estadoundense, Woodrow Wilson, cuyo armazón unidireccional que le rodeaba era totalmente impenetrable. 

Sus dos objetivos eran la neutralidad norteamericana y la paz por vía de la negociación en Europa, sin permitir que ninguna realidad le separase de ellos.

A pesar de que Wilson y el Káiser Guillermo eran totalmente diferentes, tenían una característica común que consistía en no querer escuchar ninguna opinión que no les apeteciese. 

A Guillermo le atemorizaban opiniones contrarias a la suya, pero a Wilson le parecían simplemente una pérdida de tiempo. 

En su obsesión por salvar Europa, Wilson olvidaba los deseos de los europeos. De la misma forma en que estaba resuelto a implantar una democracia en México, tanto si los mexicanos estaban dispuestos a ello como si no lo estaban, pretendía negociar la paz en Europa, sin preocuparse de los deseos de los europeos y sin darse cuenta de que su actitud les parecía sumamente condescendiente. 

No era capaz de comprender que después de dos años y medio de lucha, los combatientes no querían aceptar ningún tipo de compromiso. 

Wilson se negaba a reconocer que tanto un bando como el otro querían obtener resultados tangibles que justificasen los sacrificios realizados y que todos tenían objetivos concretos, tales como Alsacia y Lorena, que eran permanentemente irreconciliables.

Wilson sólo comprendía que aumentaba la violencia. Los turcos mataban a los armenios con tal crueldad que, si se narraran los hechos, según el embajador norteamericano, "hombres y mujeres llorarían de pena". 

Polonia, asolada por el ejército de ocupación, se había convertido en un desierto poblado de esqueletos cubiertos de nieve, sin una cabeza de ganado, ni madera para encender fuego. 

Los belgas eran transportados a Alemania, como rebaños, para ser utilizados como esclavos. 

La posición de los combatientes, después de la batalla del Somme, era tan difícil como lo era antes y la posibilidad de una solución igualmente remota. 

Wilson veía el mundo atrapado por matanzas inauditas que continuarían a no ser que alguien imparcial (como él) interviniese. 

La ética de la contienda no le interesaba y, en aquellos momentos, aseguraba que no la comprendía. 

Wilson reconocía que el triunfo del militarismo alemán "cambiaría el curso de la civilización y convertiría a Estados Unidos en una nación militarista", pero creía que el modo de evitar tal desastre no consistía en unirse a los Aliados sino en parar la guerra. 

Se creía obligado a permanecer, o por lo menos a actuar, de forma imparcial, con el fin de que ambos bandos estuviesen dispuestos a escucharle. 

Wilson estaba convencido de que la única paz duradera sería la que se consiguiese por el camino de la negociación, toda vez que la paz impuesta a un perdedor "sería aceptada con humillación, en forma coaccionada, a costa de un sacrificio intolerable y se apoyaría sobre un dolor, resentimiento, así como amargura, que la convertirían en algo sumamente frágil".

"Sólo una paz igualitaria puede ser duradera, una paz sin victoria", sostenía Wilson con la sabiduría que le había convertido en un gran hombre; si bien en este caso, su sabiduría había perdido contacto con la realidad. 

Los combatientes ambos bandos no estaban dispuestos a escucharle: muertos de frío en las trincheras cubiertas de sangre y barro y malolientes, se sentían agraviados por los consejos de un individuo que vivía en una lejana mansión blanca, que se autocalificaba de demasiado orgulloso para combatir. 

Wilson creía que el camino que él imaginaba era el mejor, pero los europeos no estaban dispuestos a seguirlo. 

Si todo el mundo hubiese sido una escuela y Wilson su director, habría sido el mejor estadista de la historia, pero los gobiernos del mundo y sus súbditos no eran colegiales dispuestos a obedecerle. 

Había en el mundo hombres con voluntades propias que no querían, ni podían, comportarse del modo en que Wilson les indicaba. 

Wilson era un visionario que nunca conseguía lo que se proponía. En los pocos años que le quedaban, se convertiría en el símbolo mundial de la esperanza y del fracaso. 

Era el tipo de persona que elabora las metas de la humanidad, pero que se encuentra en la situación imposible de intentar funcionar en calidad de visionario y ejecutivo al mismo tiempo. 

A pesar de ocupar un alto puesto en la política, no reconocía que su profesión no era sino el arte de lo posible. 

Se mantenía fiel al principio de "querer es poder", si bien, en su caso, sus objetivos estaban fuera de su alcance.

A los dirigentes alemanes no les interesaba escuchar las esperadas promesas de paz de Wilson, que, en su opinión, no eran sino una estrategia para ayudar a los Aliados. 

Los alemanes estaban plenamente convencidos de que cualquier tratado de paz que el Wilson fuese capaz de organizar no les interesaría. 

La única paz que los Aliados estaban dispuestos a aceptar, basada en la renuncia e indemnización por parte de los alemanes, representaría la muerte de los Hohenzollern y de la clase dominante alemana. 

La conquista era esencial para su supervivencia de las élites germanas: debían lograr que fuese otro quien pagase las consecuencias de la guerra o declararse en quiebra. 

Una paz basada en un compromiso, una paz que no aportara ninguna grandeza a Alemania requeriría impuestos sumamente elevados con el fin de compensar las enormes pérdidas de una guerra que habría demostrado ser infructuosa. Significaría la revolución. 

"El pueblo alemán no quiere una paz basada en la renuncia", proclamó Ludendorff cuando los austríacos reclamaban la paz, y añadió: "No quiero acabar apedreado. Nuestra dinastía no sobreviviría a este tipo de paz". 

Cuanto más duraba la guerra, más claro estaba para la corte, los propietarios, los aristócratas terratenientes, los industriales y los militares alemanes que sólo en el caso de que hubiese ganancias al final de la guerra, lograrían sobrevivir y mantenerse en el poder. 

Wilson habría comprendido este principio perfectamente si se hubiese preocupado menos de sus objetivos y hubiese mostrado mayor interés en la naturaleza del régimen con el que trataba. 

En enero de 1917 la Primera Guerra Mundial estaba en un trágico punto muerto. Los ingleses sabían que Europa sólo se salvaría si los Estados Unidos intervenían. 

Pero Wilson se aferraba a su neutralidad y a sus esfuerzos por mediar en la negociación de la paz. 

Y entonces, de pronto, el instrumento para empujar a los norteamericanos a entrar en la guerra llegó a una tranquila oficina inglesa. 

Uno de los miles de mensajes interceptados por el equipo de descodificadores británico era un telegrama en clave de Arthur Zimmermann, secretario de Asuntos Exteriores alemán. 

Un documento de alto secreto en el que el Imperio alemán invitaba a Venustiano Carranza Garza, presidente de México, a unirse a Alemania y Japón en la invasión de los Estados Unidos. 

La recompensa para México: recuperar los territorios de Texas, Nuevo México y Arizona. El plan estratégico del mando alemán: mantener a Estados Unidos ocupados en una guerra en su propia casa, al otro lado del Atlántico, lejos del escenario europeo. 

Y los británicos tenían que pasar esa valiosa información a Estados Unidos, sin revelar que habían sido capaces de descifrar los códigos secretos alemanes, para lo cual debieron utilizar todas las argucias del espionaje y la diplomacia.

Barbara W. Tuchman desvela en esta apasionante historia de espías, la verdadera historia de cómo los Estados Unidos entraron en la Primera Guerra Mundial y cómo un telegrama cambió el curso de la historia.

Publicado, en abril de 2010, por RBA, el ensayo histórico "El telegrama Zimmermann. El documento secreto que cambió el curso de la Primera Guerra Mundial" tiene 320 páginas.

sábado, 31 de agosto de 2019

RECOMENDACIÓN: "LA MUERTE BLANCA", DE ROBBIE MORRISON Y CHARLIE ADLARD


Durante cuatro largos años, la Gran Guerra, considerada "la guerra que pondría fin a todas las guerras", asoló Europa.

Estadistas y generales, alejados de los derramamientos de sangre, enviaron a la muerte a millones de soldados anónimos en batallas que se caracterizaron por su insensatez y futilidad.

El Frente Italiano se extendió a lo largo de de la frontera que separaba Italia del Imperio Austrohúngaro.

Las principales batallas se libraron en dos regiones montañosas que, históricamente, Italia le reclamaba a Austria, el Tirol Cisalpino y los Prealpes Julianos, junto al río Isonzo.

El Reino de Italia, aliado con el Imperio Británico y la República Francesa, y el Imperio Austrohúngaro, una de las llamadas Potencias Centrales, se enzarzaron en un conflicto estratégico similar a la guerra de trincheras, solo que en las traicioneras alturas de las cadenas montañosas de Trento, de los Dolomitas y de Caporetto; sierras de roca que cortaban los uniformes y el equipo como cuchillas, donde las trincheras, como tumbas, se excavaban en el hielo y donde los elementos eran  un enemigo tan formidable como el bando contrario.

Cientos de klómetros de trincheras separaban a los italianos de los austrohúngaros. Los gobiernos querían tierras y los generales victorias. 

Imbéciles y aristócratas endogámicos al mando de la retaguardia y locos de remate en el Frente.

Los escuadrones hacían turnos rotatorios, una semana dividida entre la línea del Frente y del apoyo, una semana en la línea de reserva y una semana en la de retaguardia.

Ningún arma era tan temida entre los jóvenes reclutas de ambos ejércitos como la "Muerte Blanca", estruendosos aludes causados deliberadamente a cañonazos que lo arrasaban todo a su paso.

Escrito por Robbie Morrison y dibujado por Charlie Adlard, novela gráfica "La muerte blanca", que  fue publicada, en abril de 2014, por Planeta, tiene 96 páginas en blanco y negro y puede ser adquirida por un precio de 14,95 euros.

sábado, 3 de noviembre de 2018

RECOMENDACIÓN: "LAS GRANDES BATALLAS NAVALES 2. JUTLANDIA", DE JEAN-YVES DELITTE


Jutlandia, 31 de mayo de 1916, tras más de dos años de espera y varias ocasiones desaprovechadas, la Royal Navy inglesa y la Kaiserliche Marine alemana se disponen a enfrentarse en el mar del Norte frente a las costas danesas de Jutlandia. 

Será la última gran batalla naval de la Primera Guerra Mundial, y probablemente uno de los combates más épicos de la historia de la marina.

Entre maniobras intrépidas y momentos de impulsividad, el combate entre las Armadas inglesa y alemana se prolongará hasta la caída de la noche.

Una noche que los contendientes no reciben igual. Conscientes de su inferioridad en el combate nocturno, los ingleses decidirán esperar al amanecer para decantar la batalla a su favor.

Para los alemanes, la noche será su salvadora y aprovecharán para batirse en retirada, con numerosos barcos fuera de combate cuando no a punto de hundirse.

La Kaiserliche Marine logrará regresar al puerto base de Wilhemshaven y se atribuirá la victoria. Y lo cierto es que, sobre el papel, la Royal Navy sufrió pérdidas mucho mayores.

Los dos Almirantes ingleses, David Beatty y John Jellicoe, se culparon mutuamente del desenlace durante mucho tiempo, lo que avivó aún más las polémicas sobre la atribución de la victoria.

En cualquier caso, la Hochsseflotte ya no volvió a desafiar a la Royal Navy y acabó echándose a pique al final de la guerra para no acabar en manos inglesas.


En la batalla de Jutlandia se enfrentaron 249 barcos, de los que 25 fueron hundidos. De los más de 90.000 hombres que tomaron parte en el combate, murieron 8.647.

Escrito y dibujado por Jean-Yves Delitte, el álbum "Las grandes batallas navales 2. Jutlandia", que fue publicado, en septiembre de 2018, por Norma Editorial, tiene 56 páginas a color y puede ser adquirido por un precio de 17,00 euros.

miércoles, 18 de mayo de 2016

RECOMENDACIÓN. "PARÍS, 1919. SEIS MESES QUE CAMBIARON EL MUNDO", DE MARGARET MACMILLAN


28 de junio de 1914, Sarajevo, un grupo de jóvenes nacionalistas serbios asesinan al archiduque Francisco Fernando de Habsburgo, heredero al trono austrohúngaro, y a su esposa. Acaba de comenzar el siglo XX.

Cinco años después, Salón de los Espejos del Palacio de Versalles, cincuenta naciones firman el Tratado de Paz que pone oficialmente termino al estado de guerra entre los Imperios Centrales y los Aliados. 

Valiéndose de estos testimonios de quienes participaron en la Conferencia de Paz de París, Margaret MacMillan nos ofrece una imagen nueva y distinta de unas negociaciones sin precedentes hasta entonces. 

Al mismo tiempo que nos presenta la situación geopolítica de la época, MacMillan nos presenta un retrato íntimo de la vida los funcionarios, militares, diplomáticos y políticos que intervinieron en la Conferencia.

Este ensayo no es la visión histórica tradicional, sino un relato coral, construido con las voces de todos los que participaron en la redacción del Tratado de Versalles. 

Escrito por Margaret MacMillan, el ensayo "París, 1919. Seis meses que cambiaron el mundo", que fue publicado por la colección Tiempo de Memoria de Tusquets Editores, tiene 712 páginas y puede ser adquirido por un precio de 29,00 euros.